jueves, 18 de diciembre de 2008

Una Aventurilla por Marruecos


Una mini aventurilla por MARRUECOS

El viernes 10 de Octubre de 2008, vísperas del puente del Pilar, cuatro compañeros del club: Paco, Javier, Rosa y yo, habíamos organizado una ruta para ascender a la montaña más alta del norte de África, y a su vez la de Marruecos, el monte toubkal (4167 m), ubicado en la cordillera del Atlas.



Los tiempos estaban ajustados, casi cronometrado al minuto: autobús, ferry, tren nocturno a Marrakech, taxi, mulas, refugio, coronar cumbre y de vuelta a casa.


En este proyecto habíamos puesto mucha ilusión y varias semanas de preparación.
Al estar tan ajustado el tiempo, si algo fallaba, el proyecto se iba al traste.

Ese viernes a las 19 horas teníamos que coger el ferry desde Tarifa, y que nos llevaría a Tánger.
El pronóstico del tiempo no era bueno. Un temporal se había concentrado en el estrecho de
Gibraltar. Olas de hasta 7 metros de altura, los ferrys todos cancelados hasta nuevo aviso, pero ¿hasta cuando?...., horas, días. El temporal tenía que amainar.



Visto lo visto había que improvisar, buscar alternativas de rutas: volver a casa, esperar...¿que debíamos hacer?.

De momento esa noche buscamos alojamiento en Tarifa y al día siguiente ya veríamos.


Desde las 9 de la mañana pegados en el puerto a la espera del siguiente ferry, pero ¿Cuando saldrían?. Las olas tenían que amainar. Así que con una buena filosofía y algo de calma a las 17 horas del sábado por fin salió el ferry.



Ahora empieza nuestro viaje. Destino Tánger y posteriormente Xaouen a 120 kilómetros hacia el sur.

Tras una hora de travesía (55,80 euros ida y vuelta) y pasar todos los controles fronterizos, nuestra siguiente misión era negociar un taxi que nos llevara a


Xaouen. Aquí el regateo es moneda de cambio. Decenas de taxistas se dirigen hacia nosotros, y el cabecilla, que controla el cotarro es el que se encarga de marear.
-Taxista, ¿a donde vais?

-Nosotros, a Xaouen.
Se empiezan a escuchar cantidades: 100 euros, 70 euros…… Nosotros nos hacemos los desinteresados, o más bien haciendo que no nos interesa, y empezamos a regatear el precio. 60, 50, 40, 45, y así durante cinco minutos. Al final 45 euros (unos 500 dirham), no está mal.



Algo mosqueado el taxista por no haber conseguido su objetivo, nos lleva durante todo el trayecto con el corazón en vilo. Adelantamientos suicidas, de noche, y un sinfín de personas que circulan por el ¿arcén?.

Tras dos horas de rezar varios “padres nuestros” y un par de “aves marías” llegamos a Xaouen. ¡Increíble, estamos vivos!. Son las 21,30 (dos horas menos


en Marruecos en ese momento, acababan de cambiar la hora, en España aún no), y el taxista no se rinde, pide algo más de lo pactado. Su paciencia se convierte en agresividad, y dando marcha atrás con el taxi intenta atropellar a Rosa que se encuentra junto al vehículo.



En las callejuelas de la medina, el gentío, el colorido, el olor se apodera de nosotros. Hacía años que no percibía esta sensación.

Buscamos el hostal Gernika, del cual teníamos buenas referencias, y que se encontraba en el otro extremo de la medina. Los chavales se nos acercaban y nos hacían de guía, otros nos ofrecen su casa, y otros algo de hierba.

Atravesar las callejuelas de la medina a estas horas de la tarde era toda una feria: tenderetes, personajes con chilaba,



mujeres con sus indumentarias de colores, niños que juguetean al fútbol, y en las tiendas, las alfombras, baratijas, gena, objetos de bronce, cobre….Es una verdadera gozada para el disfrute de todos nuestros sentidos.


Ya hemos llegado, estamos en el hostal Gernika. Aquí Pepe, un malagueño que regenta el establecimiento nos atiende y nos informa de todo. 200 dirham la habitación doble (unos 19 euros).


Salimos a dar un paseo nocturno, y de paso a cenar ¿Donde?, en casa Hassam, un agradable lugar, donde saboreamos la comida marroquí: harida de primer plato (especie de una sopa con legumbres y unas pastas, y todo esto aromada con especias), carne a lo dulce de segundo, postre y de bebida refresco, las bebidas alcohólicas están prohibidas en Marruecos), total 9 euros, carillo, pero exquisito.



Un paseo por las solitarias callejuelas de la medina y a dormir.
Xaouen es azul, muy azul. Las paredes de las casas encaladas de un añil claro.


Una pequeña y encantadora ciudad situada en un ancho valle de la cordillera del Rif, Su nombre en francés es Chefchaouen ("vista de las cumbres"), sin embargo mucha gente sigue utilizando el nombre español.
Xaouen te atrapa, te embruja, te enamora. Son todo virtudes: su gente, su enclave, su medina, y su color azulete, tan característico, que lo utilizan para ahuyentar a los malos espíritus, según cuentan los lugareños.



Más que una ciudad, Xaouen tiene aires de pueblecito. La plaza central aglutina un montón de restaurantes en los que, antes que en francés, las cartas están expuestas en español, y es que el español se escucha a menudo por las calles; no en vano muchos compatriotas tienen casas en el centro de la ciudad.

Mohammed, un chaval que nos quiere hacer de guía, nos comenta sus habilidades con los idiomas"¡Yo sé inglés, español, alemán, portugués, italiano, francés y árabe!", exclama. Y no los había estudiado nunca. Aprendía a fuerza de hablar con los turistas. A base de hospitalidad.



Lo ideal es estar todo el día en esta encantadora ciudad. Hay miles de turistas que acuden solo durante varias horas, ven las tres calles más importantes, compran, comen y se van.
Xaouen es para pasear, observar, sin prisas, impregnarte de su olor, escuchar al muecín desde las mezquitas, mezclarte con ellos, hablar, y perderte por rincones del Xaouen no turístico.
La entrada al corazón de Xaouen, es decir a su medina, se hace desde una de las siete puertas que rodean a la ciudad.



La puerta de Bab el Ayn es una de las principales. Desde allí recorremos la empinada C/Lalla Horra y Sharia As-Saida para llegar a la deliciosa plaza de,
Outa el Hammam, adoquinada, dominada por las rojas murallas de la kasbah, que con sus torres rojas y almenadas dio origen a la ciudad. Uta



Al Hamam es la plaza principal, y su centro neurálgico, llena de pequeños cafés, restaurantes, y terrazas, un lugar muy agradable para observar mientras tomas un te a la menta.
En esta plaza se encuentra la Gran Mezquita, que destaca por la forma octogonal de su minarete, y junto a él un caravansarai.

Es la hora de comer. Alí, un habilidoso camarero, relación pública y comercial nos atrae hacia su restaurante, ubicado en la plaza Uta Al Hamah.



Bueno, barato, limpio, así nos lo vende.
Merece la pena, cinco euros menú, comida marroquí, donde no puede faltar el cuscus con pollo.
Xaouen es el paraíso del hachís, hay muchas plantaciones por las montañas del Rif. Según estamos comiendo, aparece el vendedor de hierba, y nos ofrece, junto a otros clientes. Con un castellano fluido, se sonríe y nos dice.



-Vendedor (protagonista del película, bajarse al moro). A vosotros no os voy a ofrecer hierba, no tenéis cara de eso, parecéis buenas personas, os voy a vender alfombras y tapices.
Si se sigue la calle principal hasta el fondo de la ciudad, a través de esta misma plaza y más allá de la infinidad de pequeñas tiendas que dan directamente a la empinada calle adoquinada, saldremos de la medina por la puerta Bab Al-Ansar y llegaremos al lugar bajo las montañas en que una cascada se precipita en el río, la fuente Ras El-Ma . Aquí las mujeres lavan la ropa e incluso la lana de las ovejas, y los niños, cuando el tiempo acompaña, se dan refrescantes chapuzones.


La tarde empieza a caer, el sol muere tras las montañas, y nosotros aquí, en esta agradable terraza saboreamos nuestro té a la menta, y contemplamos estas montañas, las montañas del Rif.



A la mañana siguiente, el plan era ir a realizar una ruta a pie por el Parque


Nacional de Talassemtane, una espectacular cadena montañosa que muere en las playas del mediterráneo. Concretamente queríamos visitar el puente de Ala, un cañón formado en el cauce de un río, con paredes verticales.


A Pepe (recordad el de hotel Guernika), le preguntamos, cuanto nos llevaría un taxi para realizar la ruta por el Parque Nacional y después que nos llevara a Tánger. El nos recomendó a Abdul, un buen hombre, tranquilo y buen padre. 700 dirham (unos 65 euros). Hecho, a las siete de la mañana nos recogería en la puerta del hotel. Desde Xaouen hasta el Parque son unos 30
kilómetros. Nos acompañó hasta el mismo inicio del sendero, y allí empezamos a subir. Una hora y media hasta llegar al puente de


Ala, y unos 300 metros de desnivel. Bonitas vistas durante todo el recorrido.
Ya a la vuelta queríamos parar en algún bar de carretera (no turístico) y tomar



un desayuno marroquí. Así fue, y así lo hicimos: dos huevos fritos, queso de cabra y algunas olivas. Mientras, frente a nuestros ojos, el transitar de algunas mujeres ataviadas con ropas de la zona, hacían de un desayuno perfecto.

110 dirham (algo menos de dos euros por persona).


Con mucha pena, el tiempo se agota, y debemos volver. A las 13 horas, las 15 en España, cogemos el ferry desde Tánger hasta Tarifa, y desde aquí el autobús a Sevilla, que nos salía a las 17 horas.

Mientas escribo estas líneas, pienso en otras rutas por este espectacular y mágico país. Volveré.

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