sábado, 8 de septiembre de 2012

Ucrania: Cernivci o Cernauti (Agosto/12)



Estando por Rumanía, y concretamente por la región de Moldavia, cerca de la frontera con Ucrania. Decidimos dedicar un día, con pernoctación incluida para visitar la ciudad ucraniana de Cernivci, situada a unos 50 km de la frontera.



A pesar de que teníamos un coche alquilado para recorrer Rumanía, no podíamos cruzar con él. Por lo que en Suceava (Moldavia) nos informamos del horario de autobuses tanto de ida como de vuelta y del precio. En un principio nos dijeron que salía a las 13 horas y regresaba a las 7 de la mañana. En solo 90 km que separa ambas localidades tardaría tres horas (una hora es del control de frontera), costando 30 lei rumano (7 € aprox).


Menos mal que visitando la ciudad de Suceava, entramos en turismo y volvimos a preguntar por el horario. Sorpresa, sale a las 12, porque hoy es domingo.


Así que directo a la estación de autobuses y a coger el autobús. Preguntamos, y ya nos indicaron el andén del que salía. Cuando vimos el transporte en el que viajaríamos nos quedamos alucinados. Un autobús ucraniano de “vete a saber cuántos años”, destrozado, sin mantenimiento, y que incluso dudamos de que pudiera llegar a su destino. En fin, esta es la aventura del viajar.



En el interior del mismo, un calor sofocante. Nuestros litros de sudor caían a chorros sobre una tapicería inexistente de los asientos. Algún que otro ucraniano de pasajero se desprendió incluso de su camisa, para así pegarse mejor el negro espaldar del asiento.


En la parte trasera, la bicicleta de un polaco descansa sobre los asientos, junto a varias mochilas de otros compañeros también polacos. El resto de pasajeros, ucranianos y rumanos, excepto dos españolitos del sur, que somos nosotros. Ah, muy importante, se me olvidaba, no abre ni una sola ventanilla, y por supuesto el aire acondicionado está en fase de estudio. Debo de reconocer que me gusta esto. ¿Por qué será?.

12 en punto, puntualidad sueca. Nos vamos para Ucrania. Que fresquito, el conductor abrió las dos trampillas del techo del autobús. Era una sorpresa guardada, aire acondicionado casero.




13 horas, llegamos a la frontera. Control riguroso. El policía ucraniano entra en el autobús y recoge todos los pasaportes. Esperamos, esperamos y esperamos. El autobús avanza un poco, y el policía nos devuelve los pasaportes. Esto no ha terminado.


Al poco nos recogen de nuevo los pasaportes, esperamos otro rato. Por fin, ya está sellada la entrada. Una hora en la frontera.

A solo un par de kilómetros, ya en territorio ucraniano, el autobús se detiene, y vemos como varios ucranianos y rumanos salen corriendo hacia un garito. Lo polacos y nosotros estamos flipando. Vienen cargados con bolsas de ¿cigarrillos?. Vemos como en el interior del autobús circula dinero entre conductor y otros pasajeros..……………

15 horas, llegamos a la estación de destino. Salimos algo despistados, no se entiende nada de lo que hay escrito, recordemos que utilizan alfabeto cirílico.



Hoy es domingo, tenemos cerrado todas las oficinas de cambio. La moneda que funciona es el Griven (1 €=9,5 griven aproximadamente). Ahora tenemos tres objetivos prioritarios:


-¿enterarnos de donde estamos situado con respecto al centro?.

-Donde cambiaremos dinero, o si podremos pagar con euros o Leis (moneda rumana)

-Buscar un sitio para dormir esta noche

Estamos en la calle Holovna (en ucraniano ni lo intento). Estamos a unos 3 o 4 km del centro, calle abajo. Empezamos a andar, y andar con un calor sofocante.



Vimos un hotel en el que preguntamos. Pero la chica de recepción no hablaba inglés. No entendíamos nada. A los pocos minutos llegó una muchacha que si nos pudimos comunicar en inglés. En ese hotel solo se podía quedar con reservas anticipadas. Le preguntamos por otro hotel, y nos indicó que siguiendo más abajo por la misma calle Holova encontraríamos el hotel.


Efectivamente a unos 700 metros después llegamos al gran hotel “Bucovina” de 4 ****. Parecía un gran hotel. Preguntamos el precio, 800 Griven (unos 80 €), carísimo para nuestro presupuesto. Preguntamos si era posible cambiar Euros, a lo que nos contesto que sí. Perfecto un tema resuelto.


Seguimos hacia el centro por esta larga calle. ¡Uf que hambre!, buscamos algo para comer. No vemos nada, son solo tiendas. Por fin, ahí creo que darán comidas.


Dos chicas muy simpáticas nos atienden. ¿Esto qué es un bar, un Pub, un restaurante?. Una pizza, una ensalada y dos cervezas ucranianas nos dan el avío. 90 Griven (9 €).



Ya prácticamente, en el centro, y en la mima calle, nos indican el hotel Kiev (que nombre más raro para estar en Ucrania¡¡¡).

Un gran hotel de la época comunista, pero sin reformarlo desde hace años. Recuerda los hoteles de la segunda guerra mundial.

La recepcionista, sin hablar inglés, nos dice lo que cuesta la habitación. 230 griven (23 €). Nos llama la atención que la chica anota en la ficha de estancia la fecha de entrada al país que aparece en nuestro pasaporte



Nos indica el número de habitación, la 307. Subimos a la primera planta que es donde está el encargado de las llaves, y es el que nos la suministra.


Habitación de la época de Lenin. Bueno, lo importante es que nos da el avío para esta noche. Son las 16,30 horas, dejamos rápidamente el equipaje y empezamos a patear la ciudad. Suerte que la chica de recepción nos dio un buen mapita para saber lo que teníamos que ver.



Estamos paseando por una ciudad ucraniana: tranvías, trolebúses, minimicrobuses, escritura que no entendemos, hermosas plazas, y unos bellos edificios.




Cerca del hotel, la Plaza Zentralna-platz (el mapa nos lo dieron en alemán, y así aparece), en la que se encuentra el ayuntamiento en un bonito edificio.


Durante unas horas estuvimos pateando el centro: plaza del teatro, plaza de la filarmónica, plaza del turkishen brem. Iglesias ortodoxas, otras con estilo ruso, alguna católica. Majestuosos edificios ubicados en las plazas más importantes.




Entre tanto los trolebuses y los microbuses no dejan de pasar, para dejar y recoger pasajeros. Muchos atiborrados de personas que suben y bajan en microbuses que nos recuerdan a épocas pasadas.





Hora del café. Pedirlo en ucraniano es algo complicado. Por 1,5 € dos buenos cafes con leche.


La ciudad, al igual que otras europeas, tiene un fuerte contraste entre la gente joven, y la gente mayor, aun vestido con los trajes de antaño y sus cabezas cubierta con un pañuelo.






Cuando paseamos por sus calles, muchos de los detalles que obsevamos nos recuerdan a imágenes vistas de la época comunista de la Unión Soviética.





En la ciudad, nos vamos encontrando varias iglesias ortodoxas, incluso una con cierto aire ruso.






La tarde empieza a caer, y las calles se llenan de jóvenes, que se ven al igual que en España con ganas de diversión, sobre todo en la plaza del teatro.



Una ciudad agradable para pasar la tarde. Estamos cansados, así que ¿Cuántos griven tenemos en los bolsillos para comer?.  Muy poquito 200 (uno 20 €), pero de ahí tenemos que dejar para el autobús de vuelta a Suceava, y algún cafelito tempranero.


Pues nada, dos hamburguesas con queso y una coca cola, en un kiosko, al igual que hacen muchos jóvenes ucranianos. 33 griven (3 €).


¡¡ala¡¡, a dormir que mañana nos deberemos levantar a las 5,30, para coger el autobús a las 7 de la mañana, y tenemos casi una hora andando hasta la estación.



Vaya tromba de agua que ha caído esta noche. Truenos, relámpagos ….., Menos mal que cuando empezamos a andar no llovía.


Ya estamos en la estación, Son las 6,30 horas. 130 griven el autobús, y dos cafelitos con unas pastas. Estamos hechos unos fiera, solo nos ha sobrado 23 griven. De recuerdo para nuestros hijos.



El autobús, al estilo del otro, ¿o quizás peor?. A las 8 ya estábamos en la frontera. Lo de siempre: esperar, pasaportes, policías, control. Pero además algo más alucinante.


Veo que el conductor, se pone la ropa de mecánico, se dirige al motor y arranca una pieza. Me pregunto ¿Qué está haciendo?. Se retira un poco hacia la acera. El otro conductor (siempre iban dos) sube al interior del autobús, y debajo de un asiento coge una botella (parece gasolina), va junto con el otro conductor y empiezan a quemar la pieza que arrancaron del motor. Estupefacto me quedo. Creo que lo están limpiando de grasa. Efectivamente, una vez limpio de nuevo al motor. Runnnn,Runnnnn, parece que arranca. Perfecto ya estamos listos.



Aún no, falta la frontera rumana. A sacar todas las bolsas del maletero. Aquí los aduaneros registran bolsa a bolsa sobre todo las que pertenecen a rumanos y a ucranianos. A nosotros que somos “españolos”, según nuestro conductor, ni nos tocan. Dentro del autobús, vemos como el dinero circula entre vario pasajeros y el conductor. Poco antes de llegar a Suceava empezamos a oler a goma quemada. El autobús para y comprueba el motor. Parece que podremos llegar a Suceava, menos mal que queda cerca. Milagro, hemos llegado.

2 comentarios:

  1. La verdad es que me apetece un destino de este tipo. Muy ilustrativas las fotos y buen relato. Dan ganas de ir.

    Un saludo.

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  2. Gracias Antonio, la verdad es que ha sido una intersante escapada por un país nada habitual de visitar. Anímate, no te arrepentirás.

    Saludos
    A.B

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