viernes, 21 de diciembre de 2012

Italia (Región de Campania) Diciembre/12





VIAJE POR LA CAMPANIA ITALIANA


Napoles, Pompeya y la costa Amalfitana


Nápoles


Viniendo de Salerno, poco a poco me voy adentrando en la gran Bahía de Nápoles. Inmensa allá a lo lejos, y a los pies del gran volcán del Vesubio.


Circulando por la izquierda en la carretera que nos lleva hasta esta caótica ciudad, los coches no paran de pitar. Me coloco en la derecha, al igual siguen pitando. Esto parece una carrera de coches, algunos con aquellas antiguas matrículas de Nápoles. Otras con coches relucientes y de buenas marcas, pero todos corriendo a gran velocidad, cruzándose de un sitio para otro, haciendo caso omiso a los intermitentes, que parecen únicamente estar en una mera decoración del vehículo.


Ya estamos en la zona del puerto, gran puerto este. Inmenso. Aparcar se convierte en una verdadera aventura, y porque no decirlo, en un auténtico infierno.


Increíble. No me lo puedo creer, ese coche se está yendo. Corriendo para aparcar, y además en pleno centro.



Nápoles es una hermosa ciudad declarada como patrimonio de la humanidad por la Unesco en el año 1995. Es una caótica y peculiar ciudad, en donde su casco histórico está repleto de estrechas calles “adornadas” con decenas de cordeles con unas coloridas ropas tendidas.



Cuando paseas por sus estrechas calles, el rodar de las motos es permanente, y además a gran velocidad. Esto es Nápoles.


Cada pocos metros andados, y en cada rincón, una pequeña capillita, con algún que otro santo, y muchas fotografías de difuntos. Nápoles es extremadamente católico.





Es una animada ciudad, donde la pobreza la podemos respirar en algunas zonas de la misma. Nápoles, la ciudad del desempleo, y del crimen organizado, y para muchos también el reino de la mafia. Es posible que sea todo esto. Pero puedo asegurar, que cuando paseas por sus calles esto no se percibe. Es posible que quede oculto, y que se encuentre en lo más profundo del Nápoles.



Cuando cae la tarde, las calles se llenan de gentes, de tenderetes, y de cientos de vendedores ambulantes. Recuerda un poco a los zocos de los países árabes, pero con aire latino.


Hora de comer, y como no puede ser otra forma, a “mangare” pizzas a una de las pizzería más famosas de Nápoles, situada en pleno centro histórico. Riquísima, enorme y además baratas (6 €), aunque claro, cobran un euro por cubierto.



Nápoles es peculiar, incluso a la hora de cobrar en las cafeterías y restaurantes. A Saber:


Entramos en la cafetería que estaba justamente enfrente de la pizzería, y pedimos varios cafés. Al pedir la cuenta, por cada café cobraron 2,7 € (caro nos parecía), miramos la lista de precio, y nos marcaba 1,5 €. Lógicamente se lo comunicamos al camarero, y que nos explicara el por qué de la diferencia.



Él, con aire napolitano, y con una ligera sonrisa, nos indica que esa diferencia es por el servicio de llevarlo a la mesa (estaba a dos metros), y además nos saca un letrero en el que pone “por el servicio de mesa cobramos lo que queremos”  (en italiano claro). Hemos tenido ¿suerte? de que no nos hayan cobrado 100 € por el servicio de cada café.



En su casco histórico, cuando paseamos por sus calles, son innumerables las  obras de artes que podemos contemplar entre las fachadas desconchadas de las casas.



Bellas plazas atiborradas de gentío como la del Duomo, la del Palazzo reale, la Universidad. Y esas estrechas calles con el ir y venir de napolitanos como la d Quarteri spagnoli, vía Toledo y otras tantas.
















Para los napolitanos, las pizzas, los santos, la anarquía, el caos, y como no, el astro rey del fútbol, Maradona, son palabras que siempre están en su pensamiento. De hecho en una de sus calles hay un pequeño altar con fotografía incluida del popular futbolista que años atrás fue del Nápoles.



Nápoles perteneció a España en épocas pasadas, por lo que el catolicismo está muy arraigado. De ahí la gran devoción a la colocación de los belenes.


En el centro histórico, una de las calles está repleta de tiendas, donde podemos encontrarnos todo lo necesario para los belenes.








Pompeya



Corría el año 62 d.C, cuando un gran terremoto sacudió la ciudad de Pompeya. Muchos edificios quedaron totalmente destruidos, pero esto solo fue un presagio de lo que sucedería  años después.
 

En el año 79, el gran volcán del Vesubio hizo erupción, quemando la ciudad y dejando 6 metros de cenizas y piedras pómez sobre Pompeya.



Aunque fue descubierta en el siglo XVI, las excavaciones más importantes de realizaron en 1748, dejando al descubierto una ciudad petrificada.


En su interior podemos contemplar decenas de callejuelas alineadas en una simetría perfecta. Junto a estas, el teatro Piccolo.



La casa del Fauno, el templo de los lares, las Termas del foro, el foro Triangolare, el templo Dorico, y otros muchos restos podemos descubrir cuando paseamos por las vías del Foro, del abbondanza, degli Agustali, y de otras tantas.


Cuando paseamos por sus calles, vemos siempre de fondo al majestuoso Vesubio, que vigilante desde arriba contempla orgulloso la bahía de Nápoles y las ciudades destruidas de  Pompeya y Stabiae.







“En el año 79 d.c Plinio el viejo, soldado romano, escritor y naturista, estaba al mando de una flota atracada en Misenum (cerca de Nápoles), y con su sobrino Plinio, el joven observó la erupción desde lejos. Deseoso de ver esta catástrofe natural desde más cerca, Plinio el viejo fue hasta Starbiae, pero murió a casa de los gases.


Basándose en el relato de los supervivientes, Plinio el joven relató con detalle las primeras horas de la erupción y la muerte de su tío en do cartas al historiador romano Tácitos.





Aunque el Vesubio no ha entrado en erupción desde el año 1944, retumba de vez en cuando, ocasionando algunos pequeños terremotos sin mucha importancia.






De forma escalofriante podemos ver los cadáveres petrificados de algunos de sus habitantes. Con sus cuerpos retorcidos por la infernal lava, nos intentamos hacer una idea de tan brutal tragedia. 



Muchos de nuestros conocimientos sobre la vida de los romanos derivan de las interesantes excavaciones de Pompeya y herculano









Costa Amalfitana


Entre Nápoles y Salerno, nos encontramos con una vertiginosa y hermosa costa, conocida como la “costa amalfitana”,



Son varios pueblecitos escarpados en los cerros, algunos colgados sobre unas balconadas mirando a un mar profundamente azul.


La carretera serpentea entre plantaciones de olivos, viñas y limoneros. Pasada cada curva, no deja de sorprendernos unas impresionantes vistas sobre los acantilados, y allá a lo lejos los pueblos blancos sobre la costa.



Una franja de 50 kms a lo largo de un promontorio, y que visto en el mapa es un saliente en forma de cabo, y que se adentra hacia la bahía de Nápoles. Constituye una de las zonas costeras más hermosas de Europa.



No solamente es  la belleza de la costa entrecortada, también el patrimonio artístico y las arquitecturas típicas, convierten a la costa Amalfitana en uno de los lugares más célebres del mundo.



Según avanzamos por la carretera, cada poco tenemos que parar para disfrutar de unas excelentes vistas. En una escarpada geografía, los pueblos de Amalfi y Positano son quizás los que más impresionan el viajero.




Amalfi, belleza marinera


Según la leyenda, Heracles se enamoró de una ninfa llamada Amalfi. Al morir ésta, quiso enterrarla en el lugar más bello del mundo, al que le cedió su nombre. Muchas batallas se sucederían después; y es que Amalfi, que llegó a ser la ciudad más rica del sur de Italia, la quisieron conquistar.





Amalfi además está declarada como patrimonio de la humanidad por la Unesco.





Toda esta zona de la costa está protegida como Parco regionale dei monti Lattari. Y destaca el fiordo di Firore. Una estrecha entrada de mar en la tierra, formando un bonito enclave.





Positano, el pueblo que crece en vertical


Se cuenta que el pintor Paul Klee dijo que el pueblo de Positano es el único pueblo vertical del mundo ya que se levante encima de un acantilado.

Sus calles empinadas con escalinatas empedradas, sombreadas por higueras, albergan antiguas casas de pescadores reconvertidas en mansiones y hoteles de lujo.

Famosas parejas del cine como Elizabeth Taylor y Richard Burton o Roberto Rossellini, Alberto Sordi pasaron temporada en este pueblo, alejadas del acoso de los fotógrafos.





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